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COLOMBIA ENTRE LOS ESCOMBROS

Doce días después del terremoto de magnitud 7,4 que golpeó el occidente colombiano, el país continúa contando muertos, heridos y desaparecidos, mientras miles de familias intentan recuperar lo que quedó entre los escombros. Pero junto a la tragedia también aumenta el inconformismo por la respuesta de autoridades nacionales y locales, en momentos en que las actuaciones del Gobierno comienzan a ser examinadas y la solidaridad nacional e internacional intenta llegar hasta las comunidades más afectadas.

Crecen las críticas al Gobierno por el manejo de la emergencia, mientras Shakira pone la mirada en el Chocó y aumenta la ayuda internacional.

Han pasado casi dos semanas desde que un terremoto de magnitud 7,4 sacudió el occidente de Colombia, dejando una de las tragedias más graves de los últimos años en el país. Mientras continúan apareciendo historias de familias que lo perdieron todo, comunidades que esperan ayuda y personas que todavía buscan a sus seres queridos, también comienza a crecer el inconformismo frente a la manera como algunas autoridades nacionales y locales han manejado la emergencia.

Según el más reciente balance conocido este 22 de agosto, 329 personas han muerto, cerca de 4.600 resultaron heridas y 247 continúan desaparecidas, mientras más de 300 mil personas han resultado afectadas de alguna manera por el terremoto. Las cifras podrían continuar cambiando mientras avanzan las labores de recuperación y las autoridades terminan de llegar a algunas de las comunidades más apartadas.

El terremoto tomó además al Gobierno de Abelardo de la Espriella prácticamente comenzando. El presidente llevaba apenas tres días en el poder cuando ocurrió la tragedia y durante las primeras horas el Gobierno activó el Puesto de Mando Unificado, organismos de socorro, Fuerzas Militares, bomberos y equipos especializados de búsqueda y rescate.

De la Espriella aseguró desde el comienzo que la prioridad era encontrar personas con vida debajo de los escombros y posteriormente se desplazó a diferentes lugares afectados. Sin embargo, a medida que fueron pasando los días comenzaron también los cuestionamientos frente a algunas de las decisiones del Gobierno y, principalmente, frente a la manera como se estaba mostrando la respuesta presidencial ante la tragedia.

Uno de los episodios que más generó críticas ocurrió en Buenaventura.

Mientras miles de personas necesitaban alimentos, agua, vivienda y soluciones frente a los daños ocasionados por el terremoto, el presidente apareció entregando balones a niños durante una de sus visitas. Las imágenes rápidamente comenzaron a circular por las redes sociales y para muchas personas no era el momento para este tipo de actividades.

Y no porque Buenaventura no necesitara la presencia del presidente, por supuesto que la necesitaba. Allí también hubo destrucción y miles de familias afectadas. El cuestionamiento fue otro: ¿era realmente ese el mensaje que debía transmitir el Gobierno mientras el país todavía buscaba personas debajo de los escombros?

Según información divulgada por UNICEF, en Buenaventura alrededor de mil viviendas quedaron destruidas, 32 colegios resultaron afectados y más de 10 mil familias sufrieron las consecuencias del terremoto. Incluso algunos habitantes comenzaron a reparar por su cuenta lo poco que podían recuperar mientras esperaban soluciones.

A esto se sumó otro episodio que causó bastante molestia.

El ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, apareció en fotografías compartiendo con su familia en Santa Marta mientras miles de colombianos habían perdido precisamente sus viviendas.

El ministro posteriormente pidió disculpas a quienes se sintieron afectados por las imágenes y aseguró que los damnificados nunca habían estado abandonados. También sostuvo que había continuado trabajando durante la emergencia y explicó que estaba compartiendo un espacio con su familia.

Pero las explicaciones no fueron suficientes para muchos.

Según informó El Colombiano, desde el Congreso incluso comenzaron a plantear una posible moción de censura para que Beltrán explique qué estaba haciendo durante esos primeros días de la emergencia.

Mientras tanto, Shakira llegó al Chocó

Y es precisamente aquí donde aparece uno de los contrastes que más ha llamado la atención.

Mientras el Gobierno concentraba buena parte de sus apariciones públicas en otros lugares afectados, Shakira decidió desplazarse hasta el Chocó, departamento donde estuvo localizado el epicentro y donde históricamente muchas comunidades han tenido enormes dificultades para recibir atención del Estado.

La cantante llegó a Quibdó junto al filántropo estadounidense Howard Buffett y comenzó a recorrer algunos de los lugares afectados.

Pero Shakira no llegó solamente para tomarse una fotografía.

Su Fundación Pies Descalzos lleva más de 20 años trabajando con comunidades vulnerables en Colombia y conoce de primera mano muchas de las necesidades educativas de esta región.

Según informó AP, durante su visita Shakira conoció la situación de escuelas afectadas por el terremoto y manifestó su preocupación por lo que ocurrirá con los niños que quedaron sin lugares adecuados para estudiar.

Además, junto con organizaciones aliadas anunció alrededor de 1,25 millones de dólares para proyectos relacionados con la recuperación educativa, incluyendo apoyo para reconstruir diez escuelas y obras relacionadas con la Universidad Tecnológica del Chocó.

“El Chocó no está solo. Colombia no está sola”, manifestó la artista durante su visita.

Shakira también habló de la deuda histórica que Colombia mantiene con este departamento.

Y es precisamente ahí donde surge inevitablemente la comparación.

No se trata de decir que Shakira tenga las mismas responsabilidades que el presidente de Colombia. No las tiene. Ella es una artista y trabaja a través de una fundación privada, mientras que el Gobierno tiene toda una estructura estatal, presupuesto, ministerios, Fuerzas Militares y organismos de emergencia.

Precisamente por eso llama la atención.

Mientras una artista entendió que había que desplazarse hasta el Chocó, conocer directamente lo que estaba pasando y anunciar proyectos concretos, el Gobierno terminó siendo cuestionado por imágenes de balones en Buenaventura y por un ministro de Vivienda compartiendo con su familia mientras miles de personas no tenían dónde dormir.

Colombia también ha recibido ayuda internacional

Pero tampoco se puede decir que el Gobierno no haya hecho nada.

Colombia comenzó rápidamente a recibir ayuda internacional y equipos especializados para enfrentar la emergencia.

De acuerdo con información divulgada sobre la cooperación estadounidense, Estados Unidos aumentó su asistencia humanitaria hasta aproximadamente 26,5 millones de dólares, incluyendo equipos especializados de búsqueda y rescate, suministros y herramientas de comunicación.

También el Banco Mundial movilizó alrededor de 200 millones de dólares para apoyar la emergencia y posteriormente la reconstrucción del país.

Otros países y organizaciones internacionales también han ofrecido asistencia y recursos.

El Gobierno, por su parte, calcula que los daños ocasionados por el terremoto podrían alcanzar aproximadamente 30 billones de pesos, unos 9.600 millones de dólares.

Según informó Reuters, de esa cantidad alrededor de 24,5 billones corresponderían a daños en edificaciones y aproximadamente 5,5 billones a infraestructura.

De la Espriella también declaró finalmente la emergencia económica, social y ecológica, mecanismo con el que su Gobierno pretende movilizar recursos adicionales para enfrentar la reconstrucción.

Y ahora vienen preguntas mucho más graves

Mientras disminuye la posibilidad de encontrar sobrevivientes, comenzaron también cuestionamientos frente a algunas decisiones tomadas durante los rescates.

Familiares y rescatistas han denunciado que en lugares de Cali y Pereira algunas autoridades locales y organismos encargados de las operaciones suspendieron búsquedas después de las primeras 72 horas, mientras algunos voluntarios aseguraban que todavía existían posibles señales de personas con vida.

También existen cuestionamientos por la utilización de maquinaria pesada en zonas donde todavía se buscaban desaparecidos.

De acuerdo con información publicada por el medio internacional El País, familiares y algunos integrantes de los equipos de rescate cuestionaron directamente decisiones tomadas por autoridades locales durante estas operaciones.

Estas actuaciones no pueden atribuirse directamente al presidente De la Espriella porque hasta ahora no existe evidencia de que desde la Presidencia se hubiera ordenado suspender estas búsquedas.

Pero sí dejan preguntas sobre la coordinación entre el Gobierno Nacional, alcaldías, organismos de socorro y autoridades encargadas de responder ante una tragedia de semejante magnitud.

Porque una cosa es tener un sistema de emergencia y otra muy diferente es lograr que todos trabajen coordinadamente cuando cada minuto puede significar una vida.

Una tragedia que apenas comienza

Hoy Colombia tiene 329 muertos, miles de heridos, cientos de desaparecidos y más de 300 mil personas afectadas.

Pero probablemente la verdadera dimensión de esta tragedia se comenzará a conocer durante los próximos meses.

Cuando desaparezcan las cámaras habrá que reconstruir viviendas, colegios, hospitales, carreteras y comunidades enteras. Miles de familias necesitarán respuestas mucho después de que el terremoto deje de ser noticia.

El Gobierno de Abelardo de la Espriella recibió esta tragedia apenas tres días después de posesionarse y sería injusto responsabilizarlo de todas las fallas estructurales que Colombia arrastra desde hace décadas.

Pero precisamente esta fue su primera gran prueba como presidente.

Y hasta ahora la respuesta deja luces y sombras.

Hubo una rápida activación de los organismos de emergencia, llegaron equipos internacionales, se consiguieron recursos y el Gobierno comenzó a preparar la reconstrucción.

Pero también hubo errores que difícilmente se pueden esconder: los balones en Buenaventura, las imágenes del ministro de Vivienda, cuestionamientos frente a la coordinación de la emergencia y una sensación de ausencia en algunos de los territorios más olvidados.

Y en medio de todo eso apareció Shakira en el Chocó.

Una artista colombiana que no tiene obligación constitucional de atender una emergencia, pero que llegó hasta uno de los departamentos más golpeados, habló con sus comunidades y puso recursos sobre la mesa para reconstruir escuelas.

No significa que Shakira esté reemplazando al Estado y tampoco debería hacerlo.

Pero su presencia deja una pregunta que seguramente muchos colombianos se están haciendo:

¿Cómo es posible que una artista pareciera entender tan claramente dónde tenía que estar, mientras parte del Gobierno todavía estaba tratando de explicar por qué estaba donde estaba?

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